África llora por sus hijos

ÁFRICA  LLORA  POR SUS HIJOS

     Con la llegada del buen tiempo, las costas canarias volverán a ser escenario del goteo incesante de pateras.

     En 2018 Canarias registró la llegada de 65 pateras con alrededor de 1300 personas, muchas de ellas recalaron en las costas de Lanzarote por lo que el Cabildo se vio obligado a declarar  la situación de emergencia humanitaria pues los centros y en especial los de menores se vieron desbordados y no se podía garantizar el bienestar de los inmigrantes.

    En 2006 y 2008, debido a la gran avalancha de pateras, el entonces presidente de Canarias, Paulino Rivero, pide ayuda al gobierno del Estado y a Europa, pero como si el asunto no fuera con ellos poco caso le prestaron.

     Consciente de la gravedad del problema al que Canarias, un territorio tan limitado se tiene que enfrentar casi sin ayuda,  el presidente actual de Canarias Fernando Clavijo, aprovechando la visita del  presidente de España, Pedro Sánchez a Lanzarote para asistir a un acto en el que se homenajeaba a José Saramago, pide reunirse con él para tratar este tema pero declina aceptar la invitación.

     Así las cosas, el gobierno del Estado y Europa miran para otro lado en lugar de hacer frente a un problema que nos afecta a todos. Faltan acuerdos entre países, faltan centros de acogida, faltan ayudas en los países de origen que fomenten las economías y se evite así la salida masiva de jóvenes… faltan y faltan tantos recursos y actuaciones que si entre todos los países no hay colaboración jamás se pondrá freno a este éxodo masivo.

    En los montes Gurugú  o Bolingo (Nador) cercanos a Melilla malviven inmigrantes de Mali, Camerún, Congo… hombres, mujeres, niños. Algunos llevan allí años a la espera del momento propicio para “dar el salto”, conviviendo con el hambre, el frío, las ratas y temiendo que la policía marroquí irrumpa en los campamentos destrozándolo todo. La mayoría han llegado allí atravesando el desierto del Sahara, acinados en camiones o incluso haciendo gran parte del trayecto caminando.

    Otros eligen la ruta del mar, por ser más económica e intentan llegar a Canarias o al sur de la Península Ibérica en unos diminutos cayucos en el que apenas pueden moverse, a los que suele averiarse el motor y en los que tienen que turnarse para achicar agua.  Si  tienen la suerte de no perderse en el mar, llegan exhaustos y deshidratados.

    Fatou, jamás imaginó que el viaje en cayuco hasta Canarias fuese tan duro. Repudiada por su familia al quedarse embarazada cuando apenas tenía quince años huye de Senegal hacia Mauritania sin más equipaje que una muda de ropa, unos zapatos viejos y la dirección de una conocida de su poblado que años atrás había conseguido establecerse en Nouakchott, la capital del país.

     Tras días de camino, mendigando por los lugares por los que pasaba, consigue llegar hasta la casa de Awa de la que no guarda buenos recuerdos pero a la que agradece que le diera cobijo los dos años que tuvo que permanecer en Mauritania. El tiempo suficiente para dar a luz a su niña Aminata y para ahorrar el dinero del pasaje de la embarcación que las llevaría a España.

    Una noche de luna llena la subieron a un camión de mercancía junto a su niña en dirección a Nouadhibou donde les esperaba la embarcación que las llevaría hacia las costas canarias junto con otras quince personas.

   Cuando apenas quedaban esperanzas y sin fuerza ya ni para rezar, tras cuatro días de navegación, ven a lo lejos una luz que los guiaría hacia la costa de Lanzarote.

    Cerca de la costa, la embarcación fue interceptada por una patrulla de la Guardia Civil que los condujo a puerto. Ella y su niña fueron conducidas a un centro de menores.

    Diez años han pasado desde Fatou llegase con su hijita persiguiendo el sueño europeo. Ambas llevan una vida feliz. Sabe que corrió con mucha suerte pero desaconseja una y otra vez que hagan el viaje.

    Ninguno recomienda el viaje pero muchos lo vuelven a intentar por segunda o tercera vez a sabiendas que podrían perder la vida en el camino. Las tumbas sin nombre comienzan a ser habituales en nuestros cementerios. Quienes llegan con vida, son devueltos a sus países de origen o malviven en asentamientos de chabolas o acinados en pisos.

   África lloró por aquellos hombres y mujeres que fueron raptados y llevados a América para trabajar como esclavos del hombre blanco; lloró por el expolio y anulación de culturas que el continente sufrió con el imperialismo por la ambición del hombre blanco y continúa llorando por la muerte de sus hijos que se dejan la vida huyendo del hambre y las guerras, persiguiendo el paraíso que creen que encontrarán en Europa.

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Las letras sabias de Cande

ESTUDIOS Licenciada en Filología por la universidad de La Laguna. 1994. Certificado de aptitud pedagógica. 1995 Diploma de participación en las II Jornadas de Humanidades Clásicas en la Universidad de la Laguna.(1988). Diploma de participación en el II Curso La Literatura Erótica Greco-latina.(1989). Diploma del Curso sobre la Elaboración de Unidades Didácticas. (1997). Diploma del curso Modelo Constructivo. (1997). Diploma de participación en el curso La Mujer en el Mundo Antiguo. (1993). Diploma de participación en el curso I Semana Canaria sobre el Mundo Antiguo. (1992). Diploma de participación en el curso II Semana Canaria sobre el Mundo Antiguo. (1993). Diploma de participación en el curso III Semana Canaria sobre el Mundo Antiguo. (1994). Diploma del curso de formación profesional: Inglés Gestión Comercial. (2001). EXPERIENCIA LABORAL Profesora en la Academia Jaeva (Arrecife). 1994-2000. Situación Laboral actual: Propietaria de la Academia Argana Alta.

2 comentarios en “África llora por sus hijos”

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